De las masas, las revoluciones y los caudillos

Frank Patiño

Los que somos menores de cuarenta años, que tal vez seamos la mitad de la población mundial, hemos conocido las revoluciones a través del cine, de la televisión o de las clases de historia. En el presente, nos dicen, las revoluciones no son posibles y quienes nos reivindicamos como revolucionarios somos considerados como una especia de ‘idiotas’ que viven del pasado o, en el peor de los casos, como potenciales terroristas.

Para infortunio de la humanidad, las últimas imágenes que tenemos  de las masas tumbando regímenes las encontramos en la caída de la URSS y del Muro de Berlín. Y es cierto que a mediados de los años 90 se hicieron grandes movilizaciones con el llamado Movimiento Antiglobalización, pero eran episodios que no buscaban tumbar un régimen político sino que se agrupaban en torno a la inasible consigna de ‘Otro mundo es posible’.

Veinte años después, la mitad de la humanidad que no había sido testigo de una revolución asiste al levantamiento de las masas en el Medio Oriente y en el Norte de África, en los países que más han sido azotados por el imperialismo en estos dos últimos decenios.

Incluso, para quienes se han creído los líderes revolucionarios del Siglo XXI – un vociferante Hugo Chávez y un senil Fidel Castro –  estos levantamientos de masas han sido no sólo una sorpresa sino la principal evidencia de sus límites. Porque esta izquierda (nacionalista, frente-populista, heredera del estalinismo) puede tolerar un levantamiento en Egipto o en Túnez, pero no en sus socios comerciales, otrora líderes de las luchas nacionalistas contra el imperialismo en la región, Libia o Irán. Y por tanto, deben permanecer mudos ante las luchas de los pueblos en Siria, Bahréin o Yemen.

Y nos dicen ¿revoluciones? ¿Ustedes llaman a esos levantamientos revoluciones? La respuesta es sí, si consideramos una revolución a esos momentos excepcionales de la historia cuando las masas deciden actuar de manera directa para buscar transformaciones en el régimen político. En esos momentos no sirven las vías electorales ni ninguna vanguardia – civil o militar – las representa y, al contrario, todas las agrupaciones deben estar allí, en la calle, intentando incidir sobre el destino de esas masas.

Por supuesto que esas revoluciones pueden ser derrotadas, más con las direcciones precarias que existen en esos países; también existe la posibilidad de que sean frenadas o que el imperialismo las lleve a falsos proceso de transición y por la vía electoral aplaste los levantamientos. Pero hoy deberíamos estar todos – en cada país – movilizándonos en solidaridad con la lucha de esos pueblos.

Al contrario, estamos discutiendo si los levantamientos son obras del imperialismo contra los socios de Chávez y Fidel, mientras ese mismo imperialismo bombardea a Libia. Y no para sacar a Gadafi, sino para frenar el proceso revolucionario en Libia porque la intervención de la OTAN y Estados Unidos no tiene un fin distinto. Recordemos que todas las direcciones de estos países han sido aliadas del imperialismo y que incluso Gadafi había entrado a ese club hace muchos años.

La Revolución Árabe – como se le ha llamado a estos procesos – puede avanzar o retroceder, pero en todo caso, estos pueblos cansados de sus dictaduras han puesto su puño en alto y han abierto un nuevo período en la historia del Siglo XXI. Esto nos permite abrir la discusión – otra vez – acerca de la posibilidad de hacer revoluciones y sobre la necesidad de construir una organización de los trabajadores que pueda conducir estas luchas hacia el socialismo. Pero la más trascendental lección es que son las masas las que deben organizarse y luchar y que cuando estas cosas suceden los viejos caudillos son arrastrados a la papelera de la historia. 

Anuncios

Acerca de Frank Patiño

Escritor y periodista.
Esta entrada fue publicada en Una calle al mundo. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a De las masas, las revoluciones y los caudillos

  1. FERNANDO MARIMON ROMERO dijo:

    Lo que los levantamientos en el jundo arabe ponen al orden del día es una relectura del debate Bersteín-Luxemburgo. Es condición suficiente para la revolución la preexistencia de un partido que organice y dirija o son las masas las que, llegado el momento- como éstos los del mundo arabe y ojalá pronto en L.A- configuran la dirección apartir de todo lo existente en el mundo de las organizaciones políticas y sociales- los partidos de izquierda, las organizaciones sociales tales comno sindicatos, jac, jal, empresas comunitarias, asociaciones de campesino, ongs, etc.? LO anterior debido a que uno se mama la gente de estar esperando, a partir de las nociones de programas máximo y mínimo, que una vanguardia tenga en carburo que no madura unas condiciones necesarias para la revolución que nunca sabe interpretar ni utilizar como realidad. Muchos los periódos y las coyunturas que, como realidades, fueron suficientes para que partidos de izquierda de todos los cortes y pelajes, las hayan hecho operar en favor d ela revolución y nunca ha sucedido, tales como el proceso de privatización de la decada del 90 en Colombia, la segura imposición del TLC, las masacres y asesinatos en espiral creciente,el desmonte de todas las intituciones sociales del estado de bienestar por el acuerdo de Washington.En consecuencia, hay que repensar el tema de la organización y direccioón de un determinado levantamiento popular, expontaneo o no, desde la perspectiva de partido de vanguardia o conjunción, o intersección, de todo lo orgánico existente, llegado el momento, alrededor de las banderas, necesidades y exieencias de la ola in crescendo. Propongo releer, entonces , el debate Karl Bersteín -Rosa Luxemburgo en “Reforma o Revolución”. Duele reconocerle algunas cosas a Bersteín, si la atalaya desde la cual se mira es la de la tradición bolchevique. Pero va a resultar sano, como lo resulta comprobar hoy que Trostki estaba investido de toda la razón cuando en 1.936, en su lucha contra la pretensión de triunfo de la revolución en sólo país, predijo la restauración del capitalismo en rusia. Lástima que se haya quedado corto, pues no podía siquiera olfatear que se tratara de un capitalismo mafioso y gansteril.

    • Fernando, es cierto, son siempre (un siempre que debería estar en negrillas), las que hacen las revoluciones. Pero, tremendo pero, para que esa revolución no sea derrotada se requiere una dirección política. Y tienes razón, el papel actual de esas vanguardias sirve más de freno a las masas que de dirección. Por eso no hay que satanizar los partidos sino renunciar a la suplantación de esas masas, pues su proceso de organización y movilización no puede ser nunca remplazado por ninguna acción directa – civil o violenta – de una minoría, pero tampoco por el cretinismo parlamentario ni por los supuestos progresismos que – como en el caso de América Latina – administran los negocios del capital.

  2. jj dijo:

    el socialismo es una patraña, dejen el fanatismo.

  3. Adolfo Múnera dijo:

    Excelente!!…y necesario para seguir con la movilización de las masas proletarias, como bien lo dices, sin necesidad de caudillismos, porque cuando el pueblo ve que es el pueblo el que se levanta y decide actuar en la calle y en todos los escenarios, la revolución se presenta como los números, por exponencia natural.

    • Adolfo, también es necesario considerar que las masas pueden salir de manera espontánea, pero que se requieren de niveles de organización para que su proceso de movilización no sea derrotado o canalizado por la burguesía a través de procesos de transición que las desarman.

  4. juan cuervo dijo:

    Sin duda quien se encuentra en problemas son los capitalistas, pues nada bueno les espera si no derrotan a los trabajadores y las masas empobrecidas que luchan contra los planes neoliberales y los ajustes que demanda el capital financiero. La forma que toman las revoluciones, si buscan democracia, mejores salarios, empleo estable, derecho a estudiar, todas cuestionan una cosa, la incapacidad del capitalismo para resolver el derecho al bienestar colectivo. Las revoluciones son el campo fertil del programa obrero para derrotar el imperialismo, depende de los revolucionarios recoger la cosecha. El partido no solo es indispensable sino insustituible, sin la movilizacion permanente de las masas, las posibilidades de coinstruir una direccion internacional para la revolucion mundial , alejaran a los pueblos de su liberacion.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s