Pablo y Silvio: más allá de la divergencia

Frank Patiño

Cuando uno camina por la acera izquierda corre varios riesgos, camará. El más común es buscar el centro: porque somos pocos, porque estamos solos o porque nos cansamos de andar. El otro riesgo es pensar que debemos caminar por nuestro pretil como si nada, en silencio, sonrientes.

Sí. Me refiero a la discusión entre dos de los nuestros, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Silvio ha hecho de su necedad un manifiesto, en cada página. Cuando se oficializó la restauración del capitalismo en los viejos Estados Obreros, Silvio decía en ‘Juego que me regaló un seis de enero’: “Y canta que aunque sin Rey mago sigo en pie”.

Pablo ha tomado rumbos distintos, para Milanés defender la revolución ha sido un ‘acto de fe’ en el porvenir, por esos mismos días cantaba en ‘Identidad’: “Ah, con tus besos en el aire/ ah, con tus manos en la calle/ ah, con los años que se fueron / ah, prefiero los venideros”.

Y podemos citar y citar canciones para estar en uno u otro lado, pero lo cierto es que ni Silvio ha sido el borrego del régimen cubano ni Pablo es el gusano del exilio. Por eso, antes de afiliarse en un bando de la discusión es menester señalar lo que hay más allá de las diatribas: la crisis de la Revolución Cubana.

Y es que cuando uno camina por la acera izquierda está rodeado por la iconografía de Fidel y el Che y todas las canciones y poemas que se les escribieron. Y entonces no se puede hablar, no se puede decir que uno no está de acuerdo con la conducción que los Hermanos Castro le han dado a la Revolución. Porque siempre es mejor encontrar la explicación de nuestros errores en las agresiones externas que en las decisiones internas. Porque, como dijo Estanislao Zuleta en su ‘Elogio de la dificultad’: “Hay que observar con cuánta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica: Es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasaos y los errores propios y los del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él. En el caso del otro aplicamos el esencialismo: lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación de su ser más profundo; en nuestro caso aplicamos el circunstancialismo, de manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura. Él es así; yo me vi obligado”.

Entonces ¿de qué crisis estamos hablando? De las consecuencias de satelitar por tantos en torno al estalinismo, de las consecuencias de haber cambiado la democracia obrera por la burocracia, por el culto a la personalidad y por el patriotismo, como herramientas de cohesión interna.

Lo que pasa hoy entre Pablo y Silvio, lo que se expresa en las cartas y manifiestos de la intelectualidad cubana, es esa crisis: la ausencia de democracia obrera, los llamados a la unidad en torno a la patria. Por eso toda divergencia es traición.

Entonces uno se pregunta de qué lado debe estar cuando despidan a medio millón de trabajadores y les den como salida la creación de ‘pequeñas empresas’ ¿del lado de esos desempleados o en la defensa del régimen?

No podemos discutir la financiación del imperialismo a las Damas de Blanco, ni el carácter terrorista de la derecha de Miami, pero una revolución debe brindar incluso a estas señoras la posibilidad de salir a la calle a protestar sin ser agredidas. Pero más allá, una revolución no debería prohibir la existencia de otros partidos políticos porque en esta acera izquierda por la que caminamos no todos pensamos igual.

Ahora sí, camará, manifiesto mi solidaridad con Pablo, con su derecho a caminar diciendo que no está de acuerdo. Con ese Pablo que ha defendido tantas veces ese régimen pero que a veces no quiere andar – por la acera izquierda – en silencio.

*    *    *

Todos los textos acerca de esta discusión los puede consultar en:

http://www.lajiribilla.cubaweb.cu

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Acerca de Frank Patiño

Escritor y periodista.
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