Salsa, tecnología y sabor

Frank Patiño

A mediados de los años 80, Radio Bucanero – que sonaba por los 1090 Khz de la AM – hacía un programa matutino llamado ‘Discoteca Libre Súper Automática’, cuya gracia consistía en que los oyentes llamaban y ellos, a diferencia de los demás programas radiales, ponían las canciones antes de que terminaran de decir el título del tema. El truco era sencillo, me contó Manuel Peña, el Cañonero del Caribe, – el control máster de la emisora – unos años después: te hacían esperar un poco en el teléfono hasta que ubicaban la petición. Es menester aclarar que entonces no se existía en la ciudad la tecnología digital y los discos eran de vinilo, de pasta, decíamos.

Hoy, gracias a la tecnología, podemos tener acceso a canciones y artistas que ni en los años duros de la música antillana podíamos conocer, eso era cuestión de especialistas que podían sostener habitaciones enteras cargadas de álbumes. Algunos tenían estaderos o terrazas que usaban para justificar esa afición y a la vez complacían su ego insaciable de coleccionistas. Nosotros teníamos la AM – Voz de las Antillas, Voz de las Estrellas – que inundaban las tardes y los domingos, ya a finales del decenio, el Cheo Romero con Salsa y Playa. Siempre con el casete en blanco dispuesto para capturar aquellas canciones (rec, play y pause).

Alta tecnología, nos decían. Y esta fascinación – por supuesto – se impregnó en los creadores que a través de sus canciones hicieron testimonio de las nuevas eras.

En el año de 1973, Santos Colón y Meñique grabaron en álbum ‘Long live the king’ que contenía el tema ‘La era del botón’ que advertía: “Estamos en la Era del Botón / Solamente tienes que dar un apretón / Estamos en la Era del Botón / si quieres salir en retrato, tu aprietas el botón / Y si aprietas el botón: Sale un cohete pa la luna y su tripulación / Y si aprietas el botón: Tú puedes ver tu programa de televisión”.

En 1976 el Chino Rodríguez con la Orquesta la Consagración y la complicidad de Andy Harlow, grabaría un tema que hoy a los profetas de la posmodernidad los consternaría, La computadora: “Qué es lo que pasa con este mundo / ya no se aprecia el trabajo que resulta de fuerza y sudor / Herencia que no seguirá solo serán las manos / para unir botones y otras preocupaciones / pero el tiempo llegará cuando empezará el nuevo día / su mente estará batida a conseguir la computadora… / Lo siento mi socio, tu puesto se ocupó”.

Con sonidos electrónicos, este tema se imagina el mundo de la automatización, una suerte de Herbert Marcuse salsero. Otra canción, con menos tintes de apocalipsis, que hizo referencia a la ‘tecnología’ fue El radiotécnico del Dúo los compadres:

“Rebeca ábreme las puertas que te lo vine a arreglar / el radio de siete bandas que ayer pudiste comprar / El tubo que está quemao no tienen fuerza en verdad / pero el tubo que yo tengo tiene potencialidad / Tiene floja la bocina ven que la vamos a apretar / camina pa la cocina que hay la vamos a ajustar / Y después que te lo ajuste te voy a sintonizar / una emisora para que escuches música sentimental / El alambre de tu radio parece corto en verdad / tengo la seguridad de nada te servirá / el alambre que yo tengo seguro te alcanzará / la resistencia que tengo tampoco se quemará”.

En 1970, esa máquina del sabor que era la orquesta de Richie Ray y Bobby Cruz también hacía referencia los sistemas de sonido de otrora: “Traigo de todo, caramba yo traigo de todo / traigo ron, traigo cerveza, traigo mi radio picó / y para alegrar la fiesta los discos de Richie Ray”.

En los 80, Tommy Olivencia pondría a bailar a la juventud salsera que creció en medio del boom de la salsa romántica – bajo la mirada condenatoria de la vieja guardia – con ‘No soy automático’, alusión robótica al cansancio viril. Y Bobby Valentín con ‘La novia automática’, anunciada como la mujer del futuro: ‘La manipulo con un botón, todo lo hace a perfección / le aprieto el botón, me da un pellizcón, qué cosa más buena, qué vacilón”. Y terminaría el decenio con ‘Los tennis’: “Tengo que comprarle pilar hoy a mi radio casete / pues donde quiera que vaya mi música llevaré / esta vez de cuando en vez presumir que uno es atleta / y salir por la ciudad pedaleando en bicicleta”. Oda a la portabilidad esta canción, a esos walkman que nos permitieron caminar mientras escuchábamos aquellas melodías.

Y la salsa sigue, cerremos en el Siglo XXI con Gerardo Rosales y su Son Desempleado: “El chateo y el facebook no están apartando / pasas toda la noche sentada chateando / y no duermes a mi lado / y vives emocionada / tus amigos del pasado estás encontrando… en este mundo virtual te vas a perder mamá / si no te pones las pilas este amor se va a acabar… quédate con tu facebook, quédate con tu hotmail / que yo me voy pa la calle a buscar otro querer”.

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Acerca de Frank Patiño

Escritor y periodista.
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2 respuestas a Salsa, tecnología y sabor

  1. Javier Ortiz Cassiani dijo:

    Sencillamente de la máquina holandera al Facebook. Por fortuna el pretil sigue ahí.

  2. Juanchomorales, dijo:

    Afortunadamente radio bemba nunca se apaga y sigue como el negro ahí

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