Dime, varón, si tú te acuerdas de ella

La prostitución en el cancionero del Caribe

Frank Patiño

La luz roja a un lado del caño, las hembras envejecidas, el olor a cerveza y creolina, así era el cabaret de mi barrio. Como en tantos otros lupanares se escuchaban siempre las voces de Daniel Santos, de Orlando Contreras y de Rolando Laserie, mientras las mujeres fumaban y esperaban, sin redención, ante las miradas censoras del vecindario.

Les dicen ‘mujeres de la vida alegre’, ‘mujeres de vida fácil’  y, con naturalidad, lo llaman el oficio más viejo del mundo. Pero la prostitución es una forma cruel de explotación de los seres humanos, no es un asunto moral, sino de justicia. Con la venta del cuerpo se otorga la propiedad temporal al cliente y, en la mayoría de los casos, la propiedad permanente al mercader.

En los pueblos del Caribe – tan azotados por el turismo que acrecienta la prostitución – el oficio de la meretriz se ha plasmado de diversas maneras en sus canciones: desde la denuncia hasta la celebración, muchas de ellas recurriendo a un romanticismo redentor.

Una de las primeras canciones que encontramos fue grabada por el Sexteto Boloña en 1926, ‘Te prohíbo el cabaret’, en la que un areito sostiene: “Mi mamá no quiere / mi papá tampoco / que yo vaya al cabaret”.

El gran himno es ‘Virgen de medianoche’ de Daniel Santos en el que hay claras alusiones al imaginario católico, desde los primeros acordes hasta el carácter de plegaria de su letra: “Virgen de media noche / Virgen eso eres tú / Para adorarte toda / rasga tu manto azul / Señora del pecado / Cuna de mi canción/ mírame arrodillado / junto a tu corazón / Incienso, de besos te doy / Escucha, mi rezo de amor / Virgen de media noche / Cubre tu desnudez / Bajaré las estrellas / Para alumbrar tus pies”.

De amantes y clientes

El álbum es inmenso y ha sido el bolero el tiempo privilegiado de estas canciones. En algunos temas es la soledad la motivación, como en la canción ‘Amor de cabaret’ de la autoría de Alberto Videz en la voz de Benito López con la Sonora Santanera y la Orquesta Filarmónica de Costa Rica: “Siento una pena muy honda dentro del alma / y quiero ahogarla con vino y caricias de amor / mi vida no tiene remedio perdido ya estoy / en este medio maldito de amargura y dolor / Amor de cabaret que no es sincero / amor de cabaret que se paga con dinero / amor de cabaret que poco a poco me mata / sin embargo yo quiero amor de cabaret”.

En otras canciones, el cliente se enamora y se convierte a sí mismo en ‘víctima’ de la situación, se resarciéndose en su desamor. Como en ‘Cabaretera’ del Rey del Pasebol, Rubén Darío Salcedo, interpretado a mediados de los 60 por Alfredo Gutiérrez y en 2007 por el dominicano Juan Manuel Cobles, conocido como Puerto Plata, con el nombre que dio título a su álbum de ‘Mujer de cabaret’: “Si de veras me quieres / debes tenerme fe / y dejar de ser lo que eres / oye mujer de cabaret / porque yo tengo interés / de sacarte de ese infierno / y hacer que veas lo bueno / oye mujer de cabaret / porque te quiero, me duele que digan que yo amo a una cualquiera / porque en mi casa tú vives honrada sin ser cabaretera / el domingo fui a buscarte / para vivir en nuestro hogar / pero te encontré embriagada / y me insultabas sin piedad / me engañaste como a un niño / vives loca de placer / el beber es tu destino / oye mujer de cabaret”.

En la voz de Alberto Beltrán encontramos ‘Eres cabaretera’, entre el juicio moral del cliente y la promesa de la ‘salvación’:  “Eres cabaretera, eres una cualquiera / del vicio y la maldad / tú no tienes sentimientos / y entregas por momentos, tu falsa realidad / tu cruz es muy pesada / tú estás desacreditada / tu vida es tan fatal / con unas y otras gentes / tu vida no es decente / mujer de arrabal / un cabaret es tu casa / le hablas a todo el que pasa y finges una pasión / tu cara inspira ternura pero se ve en la amargura / que lleva tu corazón / hay para ti un gran futuro y se presenta seguro / por tu bien hay que olvidar / yo sanaré las heridas / te amaré toda la vida / bajo el techo de un hogar”.

Pero el más célebre de los temas es Luces de Nueva York del boricua Tito Mendoza de la inolvidable Sonora Matancera con la voz de Johnny Lopez en 1957 (con versiones posteriores de la Sonora Santanera y de la Fania All Stars): “Fue en un cabaret, donde te encontré bailando / vendiendo tu amor, al mejor postor, soñando / y con sentimiento noble yo le brinde como un hombre de destino y corazón / y pasado ya algún tiempo pagaste mi lindo gesto con calumnias y traición / vuelve al cabaret, no me importa ya tu suerte / ya no quiero más volverte a encontrar ni verte / vuelve ahí cabaretera, vuelve a ser lo que antes eras, en aquel pobre mulgon / ahí quemaron tus alas, mariposa equivocada, las luces de Nueva York / adiós, cabaretera, adiós, adiós”.

Valor y varón

Papaito en ‘Mujer de cabaret’ sentencia: “Sé que te andan diciendo mujer de cabaret / Sé que eres la misma muerte, que a nadie tu diviertes, te diré por qué / si al teatro fuera, verte no quisiera, pa no llenarme de sentimientos / viendo la película que ahora te voy a contar… Decía en perfidia mujer / volumen sin fundamento / oye pronto llegará el momento / que nadie te pueda ver / por tu indigno proceder / cariño, te borro de mi memoria / yo te arrojo a la escoria / en brazos de Satanás / y si por casualidad a mi amor tuviste al menos / prieta, que se te caigan los senos / por toda la eternidad”.

Es dual y contradictorio el papel del cliente, de su transacción y su exigencia. Iniciación viril, sublimación de la soledad, el mercado de las hembras despierta juicios morales que dejan inermes a las putas y ocultos a los mercaderes.

En ‘Pedro Navaja’ de Rubén Blades se muestra la enjundia del oficio. La mujer que no tiene clientes esa noche, acosada por la policía y asaltada por el ladrón: “y mientras tanto en la otra acera va la mujer / refunfuñando pues no hizo pesos con qué comer / mientras camina del viejo abrigo saca un revólver, esa mujer / y va a guardarlo en su cartera pa que no estorbe / un 38 Smith & Wesson del especial / que carga encima pa que la libre de todo mal”. El final es conocido y las últimas palabras de la mujer cuando herida de muerte le dispara y dice: “Yo que pensaba hoy no es mi día estoy salá, pero Pedro Navaja tú estas peor, no estás en na”.

Pero una de las mejores páginas es ‘Juana Mayo’ – también de Blades – en la que hace memoria de esas mujeres mil veces usadas, juzgadas y olvidadas: “Juana Mayo, ave de la madrugada, de tristeza disfrazada con perfumes y carmín / Juana Mayo, peregrina de la acera, veterana de la espera, callejera flor de amor / En sus noches de hombre en hombre va pasando, desesperada buscando, su razón para vivir / Ríe por fuera y por dentro está llorando, pues lo que ella está buscando, no lo va a encontrar así / Todo cuesta y cada precio es diferente, en un sitio en que la gente, compra su felicidad / Juana Mayo, donde anónimos señores, sacan a pasear dolores, a un jardín de soledad”.

Blades increpa al varón: “Juana Mayo, dime varón si tú  te acuerdas de ella / De ella, la que recibió tu primera pasión, en un cuarto baratieri de una anónima pensión / Juana Mayo, dime varón si tú  te acuerdas de ella / Dime si te acuerdas, dime si te acuerdas, dime si te acuerdas de esa pecadora, ave de la madruga, que entre tragos de cerveza compartió tu soledad / Juana Mayo, Dime varón si tú  te acuerdas de ella / Veterana de la espera de la calle Vieja Flor, su cuerpo tiene un precio pero su alma no / Juana Mayo, dime varón si tú  te acuerdas de ella / En tus noches de estudiante ella fue tu profesora, pero hoy otra es tu señora / Juana Mayo, dime varón si tú  te acuerdas de ella / Juana es reina por la noche bajo el hombre que la ve, pero de día sus clientes ni saludan ni conocen / Juana Mayo, dime varón si tú  te acuerdas de ella / Recuerde el alma dormida ávida de sexo y despierte templando un trago de aguardiente”.

Raulín Rosendo también cantó a la mujer del triste oficio, ‘Deseo’: “Deseo era una bella mujer, tenía ganas de crecer, pero decían que era mala / quería un lugar en la sociedad, pero la gente jamás la aceptaba y la odiaba / Deseo era su nombre porque su cuerpo era como un clavel, perfumado / Los hombres la llamaban placer y le pagaban, por tocarle la piel / Deseo condenada a vivir toda su vida infeliz, porque era libre,  como el viento / Pensaba que el amor no reinaba en castillos de oro y esmeralda, sino adentro, en el alma / Pobre Deseo luchaba en vano contra un mundo, se perdía en el espejismo cuando estaba ebria / Pobre Deseo de esquina a esquina esperando, a un hombre nuevo que la quisiera por dentro / Deseo no entendía el por qué no se le daba el valor, de un ser  humano como a todos / Después de andar buscando el amor al ver que no lo encontró, acabó viviendo en un cabaret… Pobre deseo sueña ser feliz en su mundo”.

Por último, el cubano Silvio Rodríguez también tiene un testimonio de la prostitución en la crisis de la revolución, ‘Flores nocturnas’: “Se abren las flores nocturnas de Quinta Avenida / para esos pobres señores que van al hotel… flores desechables / campanillas del antojo / flores comiendo sobras del amor”.

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Acerca de Frank Patiño

Escritor y periodista.
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7 respuestas a Dime, varón, si tú te acuerdas de ella

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  2. William Cueto De La Rosa dijo:

    Viejo Men, creo que le faltaron algunas referencias: Señora de madrugada en la voz de Tito Rojas y Embajadora del Sexo de su tocayo Frank Delgado. Y me parecen importantes porque la primera es bastante conocida por las nuevas generaciones y a partir de ella es que muchos de los nuevos ‘salseros’ tienen referencia sobre el tema; y la segunda porque (estemos de acuerdo o no con ella) plantea otra visión sobre la prostitución en Cuba: “pero no vengas con cuentos, de que eres puta por hambre/ di mejor que es buen negocio o lo llevas en la sangre”.

    • Viejo Willian, faltan muchas: ‘Medias negras’ de Chirino entre las nuevas… ‘Esta noche me emborracho’, ese tango que nos llevó al Caribe el Guapo de la Canción, Rolando Laserie, entre los de la vieja guardia… Pero esa es la idea, que cada quién ponga lo suyo y ya te apuntaste.

  3. Excelente la introducción de tu post y el corpus de cada una de las canciones sobre prostitución en el gran Caribe. “Les dicen ‘mujeres de la vida alegre’, ‘mujeres de vida fácil’ y, con naturalidad, lo llaman el oficio más viejo del mundo”. Sin embargo, el eufemismo de moda y preferido es “damas de compañia” jejejejejej.

  4. Javier Ortiz Cassiani dijo:

    “Cuando va a comenzar la noche comienza tu día, maquillada con mi colores para lucir más…” Yo me me apunto con esa, Mujer marchita de Daniel Celedón Orsini inmortalizada en la voz del ruiseñor de mi valle, Jorge Oñate. No había parranda en la que Sabas González no la pidiera. A menos que el vallenato no entre en las cartografía musical del Caribe.
    Asere, tenía el blog olvidado.

    • Y ’13 años’ de Wilfrido Vargas y Sergio Vargas: Volvi a la maldita Beyonera / Busqué a quien le hizo que viniera / A vender sus encantos / Para darle una pela. Y en cuanto a la música de acordeón también podría ser ‘Canción a una amiga’ de Rosendo Romero, que interpreta el Binomio de Oro…

  5. LUCY MARIA MARTINEZ BELTRAN dijo:

    Genial mi amigo querido. Es inevitable sentir compasión por la de la acera de la calle. Odio, por la que cobra $300 mil pesos y sube a un hotel de mas de 4 estrellas y le llaman “prepago” y envidia por la que hace buenos trueques y escala ascensos y posiciones: A estas dos últimas no les ha ido muy bien con las canciones.

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