Oye, Cartagena, lo mucho que yo te quiero

Frank Patiño

Cuando era niño – en aquellas madrugadas de domingo – salía al patio y de lejos se oían esas canciones, que eran las postrimerías de toda rumba: los jíbaros. Los cinco pares de cuerdas del cuatro, las décimas encadenadas, la voz tan nuestra, nos borraba las distancias con ese Borinquen al otro lado del mar. Y hasta creímos alguna vez que en la canción ‘Debajo de un mosquitero’ de Germán Rosario, el Jíbaro de Yumac, se saludaba a la ciudad : “Oye, Cartagena, lo mucho que yo te quiero”… cuando se refería al intérprete del güiro Paquito Cartagena.

Igual, la música jíbara era nuestra. Nombres como Chuito el de Bayamón, los hermanos Morales – Ramito, Moralito y Luisito –, José Miguel Class y, en especial, Odilio González, el Jibarito de Lares, hacían parte del repertorio cotidiano de la barrial rumba.

Y es que en los ritmos jíbaros – el seis y el aguinaldo – la tierra natal duele: el campo abandonado, la ciudad perdida. Por ello es un himno en este lado del Caribe la canción de Odilio González, ‘Mi jibarita mimada’: “Sufrí despiadadamente/ al salir de mi tierruca / el país donde se educa / nuestro jíbaro insolvente / yo volveré sonriente / a que sus manos me hinquen / a contemplar cuando brinquen / los becerros en la jalda / pues por seguir a una falda / ayer deje a mi Borinquen”.

Y en esa misma franja – confundiéndose con las canciones típicas puertorriqueñas – sonaban canciones de los campos del Caribe como aquel ‘Tres meses de vida’ de la cubana Xiomara Alfaro o de la venezolana Lila Murillo; ‘Sólo quiero ser’ de Tania de Venezuela e incluso ‘Domingo por la mañana’ de Hugo Blanco.

La música jíbara es además un testimonio de los ires y venires de las canciones y los ritmos del Caribe. Su sonoridad y su tardío desarrollo fonográfico, muchas veces incomodan las teorías que ubican los ‘orígenes’ de la ‘salsa’ y la música antillana en Cuba y sostienen que el resto del Caribe, insular y continental, es apenas periferia. Sin embargo el gran Yomo Toro plantó bandera y Raphy Leavitt con la Selecta advirtió:

“¿Por quién diablos me ha tomado / oiga usted señor? / ¿A qué viene ese maltrato / sin justificación? / Tenga mucho cuidado en su proceder / no me obligue a enseñarle lo que yo sé”.

En ese vaivén, Jesús Ríos Robles, Chuito el de Cayey, interpretaría en los años 40 la canción ‘Es que no puedo con ella’, con una alusión al porro ‘La múcura’ de Crescencio Salcedo: “Le pregunté a un colombiano / si es que esta frase sí se deriva del zorro / y me dijo, no, es un porro, en perfecto castellano”.

Y en el cancionero jíbaro encontramos temas imprescindibles en el Caribe Colombiano, como ‘Mi jibarita mimada’, ‘Las cosas del hogar’, ‘Debajo de un mosquitero’ o  ‘El veyón pegao’. Pero capítulo aparte merece ‘La puerca a medias’ de Germán Rosario, jocosa canción sobre la amistad y la traición, y ‘Un jíbaro en San Juan’ de Miguelito:

“Llego un jibaro a San Juan / que había estado en Nueva York / ya no hablaba en español / y el inglés era fatal / todo lo encontraba mal / y extrañaba hablar hispano / se mostraba muy ufano / de comprar en la malqueta / y hablaba el jíbaro con letra / con acento americano / Y ese jíbaro se olvida / que esta tierra le dio abrigo / y que aún lleva consigo / los recuerdos de por vida / Cuando su vieja querida / con esfuerzo sobrehumano / le bendijo entre sus manos / pequeñito jincho y feo / y aun con la mancha de guineo / tiene acento americano / Ya no menciona el batey / pues partió con su vil maldad / y ahora habla de la yalda / y lo que gusta okey”.

Otras canciones jíbaras llegaron con interpretaciones de los migrantes del Caribe a la Gran Manzana, en la oleada de la salsa. ‘Mi jaragual’ de Ismael Rivera, ‘Jíbaro listo’ y ‘Lamento jíbaro’ del Gran Combo de Puerto Rico, una vieja canción que había interpretado María Esther Acevedo:

“Estas son las cadenas / que antes cantaba / las cantaba mi madre / cuando lavaba / voy por esos caminos / triste, muy triste / si mucho me quería / por qué te fuiste/  todo aquel que anda de noche / arrastrando las cadenas / lleva un dolor en el alma / y va escondiendo una pena / Yo parto las cadenas con las farolas / si tú no me has querido por qué me lloras”.

Por eso – cuando el barrio está tan lejos – esas voces nasales, ese cuatro hiriente, nos vuelven a las madrugadas del patio y a punta de música jíbara somos felices, otra vez.

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Acerca de Frank Patiño

Escritor y periodista.
Esta entrada fue publicada en Salsa y socialismo. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Oye, Cartagena, lo mucho que yo te quiero

  1. ernesto jose espitaleta araujo dijo:

    De acuerdo. Con la música jíbara y la de CELINA que mi padre escuchaba en la radio, para 1972, él me despertaba para que me alistara y andar a la U. Buen recuerdo ANTONIO.

  2. jumoral dijo:

    Creo que los que nacimos y vivmos del Centro pa´ca… en ocasiones nos vuelven esos recuerdos ´paralelamente con el olor a pescao, creandonos la nostalgia de la Cartagena que nunca volverá
    Juan Antonio Morales

  3. María Cristina Díaz dijo:

    También en los rincones de aceras caleñas se escuchaban los domingos, esos lamentos jibaritos y el sonido del cuatro.

  4. Pingback: Oye, Cartagena | Vamos a Andar Cartagena

  5. alvaro enrique maza cuadro dijo:

    esta es la mùsica que resalta el sentir de algunos cartageneros por las expresiones musicales afroantillanas,la mùsica jìbara es la expresiòn màs popular que representa a puerto rico ante el otro lado del caribe.

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