Este mar es mío

Frank Patiño

El litigio que desde finales del Siglo XIX libran los gobiernos de Colombia y Nicaragua por el control del archipiélago de San Andrés y Providencia, tuvo otro episodio el pasado 19 de noviembre cuando la Corte Internacional de Justicia entregó a Nicaragua 160 mil kilómetros cuadrados de mar. Desde entonces los dos países han desplegado sus soberanías – unos buques de guerra, unos aviones – al tiempo que llaman al despertar de los nacionalismos.

Nada saben los gobiernos burgueses de Bogotá y Managua de las canciones, las angustias y las miserias de los habitantes del Caribe – insular y continental – y menos de su relación con el mar. El Caribe es para ellos una postal con palmeras, playas y negritos. El Caribe para ellos continúa siendo una colonia de ultramar. Nada saben de los trabajadores y los habitantes de esas islas, sometidos por años a la colonización, la explotación laboral y el desplazamiento de sus territorios ancestrales. Nada saben de los idiomas del Caribe: para ellos se habla un español mal hablado y lo demás son mezclas de alguna lengua misteriosa con inglés o francés.

Pero más allá de las burguesías y sus fronteras, el mar nos une, ese mar nuestro de cada día. Una canción de 1978, ‘Tenemos el mismo mar’ del álbum ‘Una dimensión desconocida’ de Andy Montañez, describe esa suerte de patria de la Cuenca del Caribe:

“Nuestra historia es una sola, nuestro pasado fue igual / nuestra lucha fue la misma, por lograr independencia, tenemos el mismo mar / Bendita la tierra nuestra, un pueblo que sabe amar / también reír y llorar, somos de la misma gesta / si tú naciste en San Juan /  Maracaibo o Cartagena, bailas cumbia o cantas plena, tenemos el mismo mar / todos sabemos cantar, nuestra rima es muy sencilla: de la Guaira a Barranquilla tenemos el mismo mar… / No podemos olvidar que por ancestro y esencia somos caribes de herencia tenemos el mismo mar… / Adelante jibarito, vamos todos a cantar con arpa venezolana y cuatro para inspirar / También yo quiero un laud, la tambora quisqueyana, la maraca que es cubana y la caja del Perú / Un guitarrón mexicano, tamborito panameño, un cuatro puertorriqueño, con un tiple colombiano / De curazao y de Aruba, su tumba le estoy pidiendo, Trinidad que ya está ardiendo, porque suene su steelband”.

Y es que en América Latina y el Caribe las fronteras hieren las culturas. Lo que conocemos en la actualidad como República de Colombia y su precario tricolor es resultado de los conflictos regionales que se libraron antes y después de los procesos de independencia de la Corona Española.

Los libros de historia enseñan que después de una campaña libertadora se formó la Gran Colombia y que casi de inmediato se separaron Venezuela y Ecuador en la primera mitad del Siglo XIX. Panamá – un lugar en el que se discutía a finales de este siglo la construcción de un canal que uniera los dos océanos – sólo aparece en la historia hasta 1903 con la llamada ‘separación’. De igual manera, el Archipiélago de San Andrés y Providencia es un territorio desconocido de ultramar para el Gobierno de Colombia que ahora llama a defender la soberanía.

Este abandono de las islas originó movimientos independentistas a principios del Siglo XX al igual que en las Islas Mangles, que buscaban su separación de Nicaragua, a lo que el Gobierno de Colombia respondió con la creación de la Intendencia de San Andrés y Providencia en 1912.

Estados Unidos también pretendió controlar esta zona por lo que en 1928 los gobiernos de Colombia y Nicaragua firmaron el Tratado Esguerra-Bárcenas en el que se reconoce la posesión de Colombia en las islas y la de Nicaragua en las costas. En 1972, Estados Unidos renuncia al control de las islas y en 1980, tras el triunfo de la Revolución en Nicaragua, el Gobierno Sandinista desconoce este Tratado.

Así, desde 1818 cuando las élites de las islas – que no estaban bajo el control de la Corona Española – decidieron unirse a la Gran Colombia, los habitantes del archipiélago son víctimas de una disputa geopolítica que los ha sumido en el abandono y la miseria.

Las cicatrices que dejan las fronteras están en sus canciones que reiteran que los límites son más sinuosos en el mar. La canción ‘Ese mar es mío’ del álbum ‘De película’ de Johnny Pacheco y Rolando Laserie manifiesta: “Ese mar sí es mío, viene, se eleva, se eleva y se va / Ese mar es mío, viene y se va sin hablar”.

Por todo ese mar que hemos recorrido, desde nuestras islas y nuestros puertos, conocemos esos cantos de sirena que nos invitan a tomar las banderas de países extraños, cuando nosotros somos del Caribe y conocemos todo lo que no se puede encerrar en una postal.

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Acerca de Frank Patiño

Escritor y periodista.
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2 respuestas a Este mar es mío

  1. Javier Ortiz Cassiani dijo:

    Típico nacionalismo el aplicado a San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Un desfile militar el 20 de julio y la estética paisa de carriel, sombrero aguadeño, poncho y de ñapa desfile de silleteros. Acaso ¿Cuando pasan los silleteros es San Andrés la que pasa?

  2. JESUS FELFLE dijo:

    LO QUE PASA ES QUE NO FUIMOS CAPACES DE DEFENDER COMO HOMBRES, LO QUE AHORA LLORAMOS COMO NENAS, HAY TIEMPO: SEAMOS EL PAÍS 14 QUE MANDE LA DECISIÓN DE LA CORTE AL QUINTO INFIERNO.

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