Tintililillo, tintililillo… el pregón novembrino

 

Frank Patiño

La Fiesta de la Independencia de Cartagena es una efemérides difícil. Conmemorar la independencia el 11 de noviembre de 1811 en un país que dice haber derrotado las tropas coloniales el 7 de agosto de 1919, pero que celebra como día patrio un 20 de julio de 1810 genera, por lo menos, una incomodidad cronológica. 

La celebración se hace más difícil con una élite que decidió a finales de los años 20 acabar con el carnaval de la ciudad e iniciar un Reinado Nacional de Belleza en 1934, excluyendo a las barriadas de mulatos que crecían alrededor de las murallas.

Pero las Fiestas de Noviembre son nada menos y nada más que el hilo invisible entre esa ciudad que se levantó de manera radical contra el imperio español dominado entonces por la Familia Borbón y la ciudad caribe que ha sido aplastada por unas familias que se pretenden nobles e hispanas.

Por eso las Fiestas de Noviembre no han sido unas fiestas de integración de la ciudad sino que han mantenido la vieja lucha entre estas élites y los sectores populares, unas fiestas en las que la violencia y en vandalismo son la principal respuesta a la miseria y la exclusión, lejanas a balleneras, reinas, delegaciones, burocracias, comerciantes de la moda y del libre juego de la oferta y la demanda de las ‘señoritas’ que son seleccionadas por canales y carteles para ponerlas a su servicio.

Hace algunos años, un grupo de gestores culturales liderados por el periodista Jorge García Usta inició un proceso de recuperación de las Fiestas de la Independencia que dio resultados, después de muchos años la ciudad pudo celebrar y el Reinado de Raimundo tuvo que dar paso a la alegría del Caribe.

Gracias a este proceso, en Cartagena aún no se ha perdido la vieja tradición del Tintililillo, que ha sido desplazada por el Día de las Brujas en otros rincones de la región, y cada 1 de noviembre el boro de la cuadra se va por el barrio, con las viejas ollas y las tapas en la mano, a pedir viandas para un sancocho, con los cantos que inmortalizaría Rufo Garrido en su canción ‘Ángeles somos’.

En los barrios de la ciudad se escucha ese pregón: “Tintililillo, tintililillo, cinco pesos pa mi bolsillo / no te rías, no te rías, que la mochila está vacía / no te late, no te late, saca el bollo del escaparate” y las respuestas, por sí o por no: “Esta casa es de arroz, donde vive el niño dios” o “Esta casa es de aguja donde viven todas las brujas”.

Después del 1 de noviembre, esa fiesta se va apagando, ignorada por los canales de televisión y asfixiada por los gobiernos que entregan dineros al Reinado de Raimundo, con la esperanza de acabar de una vez por todas con las Fiestas de la Independencia como alguna vez acabaron con el Carnaval de Cartagena.

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Acerca de Frank Patiño

Escritor y periodista.
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Una respuesta a Tintililillo, tintililillo… el pregón novembrino

  1. Silvia Paternina dijo:

    ¡Excelente!

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